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La Aurora Boreal

Acercándonos hacía el Polo norte es frecuente la aparición del fenómenos de las Auroras Boreales. El área donde son fácilmente visibles corresponde a los óvalos centrados en los polos magnéticos de la Tierra, tanto Norte como Sur. Y aunque el fenómeno de las auroras boreales podría llegar a verse desde otras muchas regiones, hay que enfatizar que las ubicaciones más propicias para que sean observadas son el norte de los países escandinavos, Alaska, el noroeste de Canadá, Groenlandia e Islandia. En estas áreas la frecuencia en la que aparecen llega a ser de 240 noches al año.

La Aurora Boreal suelen ser más visibles mirando hacia el Norte, sin embargo, a veces pueden viajar hacia el Sur, y de esta manera ser visibles desde otros muchos lugares (Escocia, Letonia…).

Las Auroras Boreales no se ven solo en el Norte, existen también las denominadas Auroras Australes. Visibles desde la Antártida, Nueva Zelanda y en ocasiones desde Sudamérica.

Nosotros las conocemos como Auroras Boreales, nombre dado por Galileo Galilei cuando estudiaba este fenómeno, pero en los países escandinavos son denominadas Luces del Norte.

Las Mágicas luces no son un fenómeno único del planeta Tierra. En otros planetas como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno también es posible verlas. El telescopio espacial Hubble ha podido fotografiarlas, así que si en este viaje no consigues vislumbrarlas siempre queda realizar un viaje interplanetario con el aliciente de que en estos planetas las auroras poseen mayor esplendor.

Las Luces del Norte son producidas por los vientos que emana el Sol, tras viajar unas 40 horas llegan a la Tierra. Estas partículas solares chocan con la magnetosfera y son atraídas hacia el polo norte magnético. Las partículas cargadas provenientes del Sol golpean los átomos de las moléculas formadas por distintos elementos en la atmosfera. Los átomos son excitados emitiendo luz. Dependiendo de que compuesto es alcanzado se vislumbra un color u otro. Cada color también está relacionado con la diferente altura que se dé el encuentro. El oxígeno, que se encuentra a 100 km por encima de nosotros es responsable de la formación de los colores primarios verde y amarillo, mientras que a la altura de 320 km producirá auroras rojas. Sin embargo el contacto con el Nitrógeno producirá una luz azulada y rojo/purpura.

El espectro de colores de las auroras no siempre es visible a través de la retina humana. Las cámaras fotográficas, debido al ajuste de la exposición, pueden materializar mejor estos encuentros únicos. La belleza de estas luces también radica en que no están quietas, la corriente nunca deja de danzar provocando un hipnótico movimiento.

Todo fenómeno que se produce en el Universo es susceptible de ser percibido con más de un sentido por los humanos. Alguna tradición nativa indica que además de ser visibles, producen sonidos. Stephen McGreevy, documentó el sonido de distintas auroras que aparecieron en Canadá y Alaska, captando las ondas electromagnéticas presentes en este fenómeno y traduciéndolos con un receptor ELF-VLF. En 2012 unos investigadores finlandeses demostraron que las partículas solares que emitían descargas de luz, también emitían una especie de palmadas perceptibles a 70 metros sobre el nivel del suelo.

Las leyendas sobre las Auroras Boreales son tan diversas como diversas son las tribus en los países que son visibles. En general donde los fenómenos son menos frecuentes se relacionaron con malos augurios, siendo muy interesante profundizar donde éstas son más constantes.

Predecir una aurora es casi imposible, debido que dependen de las tormentas magnéticas y tampoco ayuda que una súper tormenta no implique una mayor magnificencia de las Auroras Boreales. Sin embargo podemos tener en cuenta diversos factores para incluirnos en nuestro viaje hacia el Norte.

La oscuridad de la noche es el mejor momento de contemplar sus brillos. Esto se debe a que la intensidad de la aurora es baja y la luz del sol eclipsa la misma. Las mejores horas para contemplarlas son entre las 11 de la noche y las 2 de la mañana.

Las auroras boreales se suelen dar tanto en verano como en invierno. Sin embargo en las zonas donde éstas son visibles el verano el día suele durar 24 horas, con lo que aunque el fenómeno se llegue a dar, no serán visibles. Así en la noche polar, en la mitad del invierno, la Aurora Boreal podrá contemplarse en todo su esplendor.

La fase de la luna es un factor clave, así como la altura en que se encuentra, pues la luz que ésta refleja puede quitar visibilidad a este espectacular fenómeno. La fase más acertada sería luna nueva.

Debido a que las bellas luces dependen de la actividad solar, hay que tener en cuenta la misma y saber que cada 11 años el Sol alcanza un máximo. El culmen del último periodo ha sido en 2014-2015. Si bien las auroras dependen de este ciclo, se observan auroras en cualquier momento del ciclo solar.

La rotación solar es una herramienta útil para predecir las luces. El sol gira sobre su eje cada 27-28 días de como se ve desde la tierra. Con lo que sí ha sido visible una aurora en la tierra un día en concreto es posible que 27-28 días después, (cuando la cara del sol que generó la misma, vuelva a apuntar a la tierra) es posible que una aurora vuelva a ser visible. Esta teoría no garantiza ver una aurora, pues la visibilidad depende de otros muchos factores, como por ejemplo que el cielo este despejado.

Estadísticamente hablando los meses del equinoccio (Septiembre y Marzo), debido a que suelen darse noches más despejadas, son los mejores meses para ver una Aurora Boreal. Sin embargo, la estadística no habla de la belleza de las mismas, pues los cielos no están tan oscuros como los meses de invierno.

En resumen, las auroras se producen durante todo el año, la luz del verano las hacen invisibles haciendo que su temporada sea más corta.

Se cree que en los momentos de los equinoccios la cercanía al sol trae más actividad solar. Temperaturas más cálidas harán más soportables la búsqueda, pero la noche comienza a acortarse y es posible que a no ser que haya una súper aurora nos quedemos viendo el cielo como si nos lloviera un polvo de estrellas.

Las auroras no se dejan predecir pues la actividad del sol es impredecible así como tampoco es posible garantizar que en el ártico, el cielo este despejado.

Clasificado en:Auroras Boreales, Lugares Sagrados

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